La mentalidad de un hijo de Dios

 

La mentalidad de un hijo de Dios siempre piensa en lo mejor. Piensa en lo que es verdadero, honesto, justo, puro, amable, todo lo de buen nombre, virtuoso y en lo que es digno de alabanza. Eso sin duda crea un realidad de bendición extrema.

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

Dios siempre está disponible para ensanchar tu mente. Sus planes y pensamientos siempre son de paz y bienestar.

“Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar” (Jeremías 29:11).

Un hijo de Dios cuida de su mente y disciplina sus pensamientos. Su mente está en armonía con la mente de Cristo y sus pensamientos se traducen en acciones de excelencia.

“Y sobre todas las cosas, cuida tu mente, porque ella es la fuente de la vida”, (Proverbios 4:23).

Lo más importante es que tiene la mente de Cristo.

“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, (1 Corintios 2:16).

Como hijos de Dios tenemos la mente de Cristo. Imagínate esto por un momento, y pregúntate lo siguiente: ¿qué implica esto? ¿qué magnitud tiene? De antemano es una gran bendición.

La mente de Cristo es ilimitada y está llena de pensamientos de: abundancia, bendición, prosperidad, amor, gozo, paz, vida, creatividad, excelencia, sabiduría, inteligencia, paciencia, bondad, seguridad, bienestar, benignidad, fe, mansedumbre, templanza, avance, progreso, edificación, consolación, plenitud, humildad, riqueza, perdón, misericordia, compasión, restauración, santidad, sanidad, compleción, llenura y justicia.

“Todos estos pensamientos virtuosos producirán acciones virtuosas y te llevarán a vivir una vida plena”.

Haz la siguiente declaración: ¡Soy bendecido y favorecido porque soy hijo de Dios y tengo la mente de Cristo! Es lo mejor.

Dr. Marcos Coronado

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